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jueves, 4 de junio de 2009

Grandes equipos

[Se vienen algunos posts atemporales, tirando de archivos en vídeo y links varios para paliar la ausencia de competiciones; este sería uno de ellos]

Con motivo del 2-6 del Bernabéu, en Fiebre Maldini quisieron comparar al Barça actual (que aún no había ganado nada) con los grandes equipos de la historia: Brasil 70, el Ajax de Cruyff, el Milan de Sacchi y finalmente el Barça de Cruyff.

Dicho esto, en El País publicaron el lunes algo parecido pero con mayor profundidad y basado en ocho equipos, 'Ocho huellas imborrables': la máquina de River de los años 40, el Honved de principios de los 50, el Real Madrid de Di Stéfano, el Santos de Pelé, Brasil 70, el Ajax de Cruyff, la Naranja Mecánica y el Milán de Sacchi. Es casi de lectura obligada.

Reglas del juego: los equipos que pasan a la historia lo hacen por, al menos, uno de los siguientes tres motivos: años ganando, revolución táctica y/o propuesta ofensiva.

Brasil 70 fue el tercer Mundial en 12 años y la culminación del jogo bonito, el Ajax de Cruyff ganó tres Copas de Europa consecutivas e impuso el fútbol total, el Milan de Sacchi ganó dos Copas de Europa consecutivas y su presión es una de la características del fútbol actual, y el Barça de Cruyff ganó 4 Ligas y una Copa de Europa recuperando, en parte, el fútbol total.

Creo que el equipo de Guardiola, a pesar de los registros, no ha revolucionado (si es que eso es posible hoy en día), queda por ver si puede mantenerse en la cima y, no hay duda, la propuesta estética ha sido inmejorable.

Aunque digo que el Barça de Guardiola no ha revolucionado, sí creo que bebe de los grandes equipos antes comentados: el jogo bonito, la presión, el fútbol total... parece un compendio de las principales revoluciones ofensivas de los últimos 40 años -importante, todos los equipos, tanto los del vídeo como los del artículo, pasaron a la historia jugando al ataque, ofreciendo un espectáculo estético y, además, ganando-. Eso no quita que haya otros estilos igual de válidos y ganadores, del Bayern de Beckenbauer y la diferentes selecciones alemanas, a los equipos italianos y su selección, pasando por los equipos ingleses que arrasaron a principios de los 80.

Lo cierto es que, puestos a recordar, la estética y los triunfos suelen imponerse a la soledad del resultado, por eso, seguramente, el Barça de Guardiola será recordado más allá del triplete.

El vídeo de Fiebre Maldini.

jueves, 28 de mayo de 2009

Somos uno

Primero por cosas de la superstición y segundo porque vete a saber, igual pones un nombre y resulta que no tiene su mejor día, y lo de poner mi nombre pues como que no, si tuviera nombre de futbolista lo pondría, pero no es el caso; total, que no me atrevía a fabricarme mi camiseta digital del Barça antes de la final. Pero ahora, en plena euforia, es imposible no sumarse a la iniciativa de Nike, al 'Somos uno' que lleva varios días dando vueltas por Internet, sumarse a las más de 100.000 personas que se sienten parte de un equipo, un momento histórico y, sobre todo, una idea. [Aquí el grupo de Facebook de 'Somos uno' y aquí el spot 'gallina de piel' de la campaña].

Más que personalizar en un único jugador o en un entrenador, prefiero destacar la filosofía que ha hecho posible el triplete: La Masia, de la que salieron siete titulares, dos suplentes y el entrenador del equipo que jugó ayer en Roma; y el número, claro está, no podía ser otro, el cuatro, el número del mediocentro organizador, el catalizador del juego de toque y combinación, el metrónomo de una escuela futbolística.
Y ya que estamos, la camiseta de Fútbol Arte; es curioso, este blog empezó en pleno delirio del 'Jogo Bonito' de Ronaldinho pre-Mundial 2006 y tres años después es el equipo de Guardiola el que vuelve a hacer coincidir la idea primigenia del blog con el juego del equipo. El número, más allá de Iniesta, es para la figura del interior, que durante unos años pareció estar en peligro de extinción ante la irrupción del doble pivote y su hermano bastardo, el trivote.



miércoles, 27 de mayo de 2009

¡Triplete!

Qué mal pintaba todo en los primeros diez minutos, con los dos equipos con los papeles cambiados; el Manchester apretaba arriba, el Barça tenía que regalar el balón, una falta de Cristiano se le escapaba a Valdés y el rechace de Park parecía gol hasta que lo interceptó Piqué; Messi, Henry y Eto'o no la tocaban y Xavi e Iniesta no entraban en juego. Hasta el minuto 10, Iniesta rompe por el centro, se la da a Eto'o que recorta a Vidic y de punterazo fusila a Van der Sar. Un golpe que sirvió para que el Barça recuperara el lugar que le tocaba ocupar en la final, el de tener el balón, combinar, convertir el partido en un rondo enorme. Mientras tanto el United dejó de creer en el plan inicial, acusó el gol, estuvo grogui y empezó a cambiar el guión, poniendo a Giggs en la izquierda y metiendo a Rooney en el centro del campo cuando defendían. No funcionó.
En la segunda parte Tévez por Anderson, 4-4-2 con el argentino y Ronaldo arriba, Rooney a la derecha y Park a la izquierda, desconcierto absoluto del United y el Barça que tuvo en las botas de Henry y Xavi el segundo gol, no llegó y el Manchester volvió a tener el balón, a jugar directo y empezó a asomarse al área con todos los efectivos; en la frontal del área del Barça merodeaban cuatro y cinco jugadores del United, o todo o nada, partido roto, de ida y vuelta, juego en el que el Barça no debió entrar pero lo hizo, confiando en que en una contra podría sentenciar. Minuto 65 y entra Berbatov por Park, el búlgaro arriba con Tévez y Ronaldo a la izquierda, casi un 4-2-4, a por todas y con la épica como único argumento. Volvía a pintar mal, se veía venir el sufrimiento hasta que Xavi centró y Messi marcó, de cabeza, como un nueve, cruzándola y cogiendo a Van der Sar a contramano, el Balón de Oro sentenciado, 38 goles, máximo goleador de la Champions con nueve. Sacó el orgullo el United, una rabieta, y a punto estuvo de marcar nada más sacar de centro, pero Valdés, una vez más -como en París, como en Stamford Bridge-, le sacó un balón a bocajarro a Cristiano Ronaldo. Keita por Henry, Iniesta a la banda y a punto estuvo Puyol de marcar como en el Bernabéu. Scholes por Giggs, no cambia nada en el United. Volvió el rondo gigante, el United no bajó los brazos pero era incapaz de quitarle el balón al Barça, ocasión de Puyol otra vez, un uno contra uno que volvió a salvar Van der Sar. Y así se fue desquiciando el Manchester, corriendo detrás el balón, sin poder crear peligro, viendo como el reloj corría y el Barça no dejaba ningún resquicio ni cometía ningún error; ni siquiera las tan temidas jugadas a balón parado crearon inquietud. El Olímpico coreó el nombre de Iniesta cuando fue sustituido por Pedro. Casi pareció fácil, no fue el partido tenso que todos esperaban, ni un intercambio de golpes de poder a poder, tampoco hubo sufrimiento al final. El Barça ganó con esa brillantez teñida de normalidad que le ha caracterizado durante toda la temporada, como si jugar así fuera la única forma de hacerlo, una obligación impuesta por una filosofía que en los últimos 20 años ha transformado la historia del club.

Eto'o.


Messi.