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lunes, 18 de mayo de 2009

El País de los lunes

No es sólo que escriba Enric González, hoy también Vila-Matas, uno de esos autores que me gustan aunque a veces tengo la sensación de que sus libros ocultan algo que no logro descifrar.

Enric González: "Podría haberlo dicho el técnico del Athletic, Joaquín Caparrós, antes del partido contra el Barça. Podría decirse mucho en el fútbol. Pero sólo lo decía Nereo Rocco y lo hacía siempre que alguien, en vísperas de un encuentro, soltaba la famosa frase: "Que gane el mejor". "¿Que gane el mejor? Esperemos que no", respondía El Parón, El patrón en lengua triestina, burlándose de su propia fama."

Vila-Matas: "La culpa la han tenido, en dos tiempos distintos, Cruyff y Guardiola. Ellos osaron fulminar gran parte del pesimismo histórico del culé y han terminado por lograr que las nuevas generaciones sean optimistas y valoren el éxito mucho más que aquella mitificada y elegante idea del fracaso, tan adorado por generaciones anteriores de culés juiciosos. Uno de aquellos maravillosos barcelonistas juiciosos me escribió para decirme que sigue siendo un culé prehistórico y que lo pasa muy mal con tanta felicidad: "¿No te parece que es el preludio de un desastre de dimensiones inimaginables?".

viernes, 15 de mayo de 2009

La pizarra de Guardiola

"Dos imágenes de la final remiten a la pizarra de Guardiola, a un partido que se ganó antes en el despacho de la ciudad deportiva que sobre el césped de Mestalla. En la primera, Pinto planta la pelota en medio de la frontal del área pequeña para realizar un saque de puerta. A su izquierda, junto al lateral del área grande, a cinco metros de la raya de gol, Piqué; a la derecha, a la misma altura, Touré. Por delante, los dos laterales, muy abiertos y Busquets, como mediocentro.
En la segunda, Caparrós da voces -"¡Gaizka, Gaizka!", bramaba el entrenador andaluz- pidiendo a Toquero que tapara más la zona por donde Touré salía de la cueva. Y Gaizka, superado, le respondió enumerando a jugadores del Barcelona -Alves, Piqué, Puyol, Touré y Busquets- dándole a entender a su entrenador que no podía tapar más campo ni correr más porque si no era uno, era otro quien cogía la pelota y empezaba el juego. Que se le acumulaba la faena, vamos."

Así empieza el artículo "El campo más largo del mundo", que publica hoy El País.

lunes, 4 de mayo de 2009

La tragedia de Superga

Hoy hace 60 años del accidente que acabó con el Torino. Un artículo de Enric González y una entrevista a Mazzola, ambos en El País, se encargan de recordar aquél equipo.

Enric González, El día que cambió la historia.
"El 4 de mayo de 1949, hace hoy 60 años, cambió la historia del fútbol. No hablamos sólo del calcio, que se hundió en su noche más negra, sino de cualquier fútbol imaginable: ese 4 de mayo, a las 17.03, terminó un relato y comenzó otro. Si el trimotor Fiat que transportaba al mejor equipo del planeta, el Gran Torino, no se hubiera estrellado contra los cimientos de la basílica de Superga, a apenas 20 kilómetros de casa, es muy probable que no hubieran existido ni el maracanazo del Mundial de 1950 ni la posterior hegemonía brasileña. Tal vez Italia habría sido la primera selección tricampeona, con tres títulos consecutivos. Tal vez el Juventus de Turín sería hoy una institución menor, peleando en las divisiones inferiores. Tal vez desconociéramos la palabra catenaccio y el calcio simbolizara el fútbol ofensivo. Tal vez."

La entrevista, "Mi padre jugaba como Di Stéfano".

P. ¿Qué supuso aquel equipo en aquella Italia de la posguerra?
R. Eran hombres que, junto al ciclista Fausto Coppi, daban esperanza a mucha gente sin trabajo. Fue un equipo que quedó grabado en la cabeza de todos los italianos de la época. Todavía, cuando viajo a Brasil, los brasileños, tan orgullosos de su fútbol, me dicen que sólo Il Grande Torino llegó a jugar tan bien como ellos.
P. ¿Qué tenía de especial el estadio, el Filadelfia, para estar 93 partidos sin perder, desde 1943 hasta la tragedia, en 1949?
R. Fue un estadio de 30.000 espectadores en el centro de Turín. Los viejos jugadores me contaban que mi padre, cuando iban perdiendo, se remangaba la camisa y decía a sus compañeros: "Vamos". Y esa fuerza les servía para remontar. Me contaron un partido contra el Roma, con 0-1 en la primera parte, que terminó 7-1 después de que el capitán se subiera las mangas.