Muchas cosas han tenido que cambiar para que España se haya proclamado campeona de Europa, pero la principal es haber aparcado el debate jugar bien vs ganar que llevábamos arrastrando desde que España se conocía como 'la furia'. Un debate que se ha mantenido a la que ahora se conoce como 'la roja' lejos de un estilo propio, siempre a medio camino entre el toque y la garra, excluyendo el uno del otro.
Lo mejor de este triunfo es que demuestra -al mundo y al país- que se puede ganar un título de selecciones jugando bien al fútbol, sin tener torres de 1,90 ni tipos que corran durante 90 minutos sin desfallecer, sin juego sucio y sin racanear espectáculo. Que se puede ganar con bajitos en el medio campo, tocando el balón siempre, sin meterse atrás ni colgarse del larguero. Personalmente, no recuerdo una sola selección ganadora que haya hecho un campeonato de naciones así, sin altibajos, manteniendo el estilo y dominando todos y cada uno de los partidos que jugado.
También han tenido que darse otros factores, a saber: jugadores triunfando fuera, jugadores tirando del carro en sus clubes, la ausencia de una figura referente -y normalmente polémica- en el grupo, el mismo grupo, que nunca ha comunicado euforia sino trabajo y seriedad, el compañerismo que se ha respirado -ningún suplente ni ningún titular sustituido ha levantado la voz-, un entrenador que ha encajado golpes desde todas partes hasta dar con la fórmula -a veces con razón, a veces sin ella, y casi siempre a nivel personal- y una selección que no ha girado en torno a Barça o Madrid y los debates interesados que siempre generan. Todos ellos alejados de lo estrictamente futbolístico, pero todos ellos importantes en un torneo corto de selecciones.
Y aquí estamos, Campeones de Europa durante los próximos cuatro años.
El gol de Torres.